|
|
Livin' La Vida LocaMe levanté tan temprano como pude: la resaca de la noche anterior desajustó neuronas e hígado, rumbeé hasta que mi cuerpo resistió en el santuario de los góticos, en la madriguera de los marilyn masons de la generación "X", el famoso The Bank. Decidí ir a desayunar al TOMOE SUSHI de Soho, la necesidad de recuperar "coherencia" a mi estado físico me guío en dirección al más fresco de los pescados de la Gran Manzana. Enorme sorpresa me produjo el trayecto (metro, calles, radio, vitrinas), encontré tantos anuncios publicitarios con la imagen de Ricky Martin como se considere posible. En el ámbito de Michael Jordan y de Michael Jackson, el puertorriqueño introdujo su imagen sin miedos ni cabezas gachas (tan común entre nosotros, latinoamericanos encogidos). Este carajito caribeño ha logrado en meses lo que a la gran variedad de gringuillos del ritmo se les ha negado durante años, a veces decenas de ellos: rememorar, figurar y personificar al rey del rock, Elvis Presley. Con sus mariqueras musicales, con sus tumbaos en el paso y con sus amaneramientos corporales, ya, al fin de siglo, el rey tiene sustituto: un latino. Quién podría imaginarlo, los otrora pachucos o chicanos ("wet backs" o pochos), como se prefiera y determine, cuentan entre sus miembros con el nuevo ídolo de la juventud norteamericana: Ricky. La portada de Time, la revista Interviú, el New York Times, hasta el Hola (y sus teatralidades aristocráticas), han solucionado sus últimas entregas partiendo de la luz que este personaje ensancha. Lidera todas las listas de popularidad musical, aparece en la televisión, su música "arde" en la radio, ocupa las primeras planas en varios rotativos, en pocas palabras, el jovenazo se erige como el amo y señor del espectáculo nuevayorquino. Sin equívocos, se puede reconocer que es la mancha urbana de la ciudad y la tentación ciega de esta cultura; la imagen negada, acaso, para la mercadotecnia local; el abominado latin king que ha impuesto su ritmo ante la displicencia comercial de muchos, y la sorpresa de otros: el graffiti latino (por tanto, despreciado) en una urbe comercialmente selectiva y discriminadora. Shake your Bon-Bon Sí, viajé a Nueva York a escribir un ensayo acerca de la ciudad -su reciente metamorfosis a partir del gobierno del alcalde Giuliani- y me encontré con el nuevo fetiche comercial de la cultura pop norteamericana: Ricky Martin, el graffiti latino de la Gran Manzana. Siempre he sido enemigo de la musiquilla de este vástago de Menudo, pero no puedo negar que me inquieta el fenómeno que ha provocado su presencia. La música, según parece, no la política ni el TLC entre las naciones que conforman el norte de América, conquistan el ánimo de una cultura, quizá sirviéndose de un estereotipo trillado: el galanzón latin lover que sacude su Bon-Bon para reventarle la esperanza sexual a una sociedad fría y calculadora. Pero ocurre: un galanzón, prototipo del latin lover, a base de sacudir su bon-bon, conquista el ánimo de norteamérica. ¿Será esto lo mejor que tenemos para ofrecerle a los gringos (y a través de ellos, al mundo): lindos bon-bones (o culitos) capaces de sacudirse subliminalmente para conquistar y "vencer"? Debo, cumpliendo con mi deber social, exhortar a mi público lector a que sigan el siguiente consejo (si su deseo fuera, por ejemplo, triunfar en el universo femenino). Después de escuchar todas las melodías contenidas en la nueva producción del rey del pop latino, me atrevo a recomendar que: "Si shakan (del bilingüismo latinoamericano, "sacuden") su bon-bon con ritmo merengoso, se ligarán a la mujer de sus sueños. Aprendan cuanto antes a shakear su bon-bon y dejen de una vez por todas la soltería." Después de esta profundísima reflexión, casi existencial, haré extensivo el pensamiento a gobernantes (sobre todo a nuestros presidentes que disfrutan tanto de esto, sacudir su bon-bon, especialmente con sus segundos frentes sentimentales), pintores, banqueros y demás regidores de la vida social, cultural y política de nuestros pueblos para que sean capaces de alcanzar sus cometidos: "Señores, comprendan la magnitud de lo que expresaré, presten quirúrgica atención, si son capaces de sacudir su bon-bon al ritmo de Ricky Martin, cuando vayan a negociar con nuestros vecinos del norte, lograrán cada uno de sus propósitos, sea cual sea la naturaleza de estos. ¡Prueben, inténtenlo, sacudan su bon-bon y conocerán el éxito!" Este descubrimiento magistral, digno de un premio Nobel de economía, que comercializaré próximamente a través de la televisión, logró, por ejemplo, que un amigo camine, converse, coma y hasta duerma, shakeando su bon-bon, según el modelo irreductible del mesiánico isleño Ricky "el ricón" Martin, y ahora triunfe con cuanta chica se le antoje: Madona, Uma Thurman y Julia Roberts, entre otras. (Acaso, nuestros políticos, si se atrevieran a sacudir su bon-bon con la energía mesiánica del ex-Menudo, tal cual lo está haciendo mi amigo, obtengan los ambicionados millones de dólares necesarios para reactivar nuestras deprimidas economías. Señores, no pierdan el tiempo, ¡sacudan su bon-bon!). Love you for a Day Cualquier intento por participar en la enorme vida cultural que presenta el mundo, cualquier pretensión de protagonismo, será más sencillo. Sacudiremos nuestro bon-bon y obtendremos el éxito deseado. Posteriormente, para hacer sufrir a las encantadas víctimas de nuestro "sacudón", mostraremos nuestra esencia veleidosa: mañana contigo, pasado con aquella (lo cual se extiende a las relaciones políticas: mañana con los Estados Unidos, pasado con los japoneses). La idea es rapidez e inconsistencia: emperadores del instante, poseedores de lo "efímero": Te amaré por un día, te haré el amor una noche, Nena, I don't want to let you go, déjame desnudar tu alma. Ay, ay, ay… Así, nuestra alma manchada de inconstancia cultural nos distinguirá, entre las otras del mundo, como los sublimes movedores de bon-bon, los conquistadores de lo instantáneo. Nuestra metamorfosis: bilingües, shakeadores de bon-bon, amantes por una noche, "vividores" (de livin') de la vida loca, nos proporcionará una fuerza galáctica que nos permitirá vencer en cualquier "episodio" que se nos plantee, no habrá poder alguno que nos detenga. Para vivir la vida loca y amar a alguien por un día (sólo eso necesitamos, un día, recuerden somos la personificación de lo efímero), debemos sacudir nuestro bon-bon y ya… Ahora, a conquistar el universo, latinos.
Autor: Gustavo Tovar Arroyo Envíe sus comentarios a LatinWorld
[Comments] - [Latin World] |